Antón Castro entrevista a Raúl Herrero por Sobre arte infantil
El pasado domingo, 24 de mayo, el diario Heraldo de Aragón incluyó en sus páginas de cultura una extensa entrevista que mantuve con el periodista Antón Castro. El motivo del encuentro fue desgranar las tesis de mi último ensayo, Sobre arte infantil, un libro que condensa años de observación y un firme convencimiento de la soberanía estética del trazo de los más jóvenes.
Debo celebrar el acierto de Castro al capturar la esencia de mi planteamiento en el titular de la pieza: «El arte infantil ha tenido en los últimos siglos la misma influencia que Rafael». No se trata de una hipérbole efectista; es la constatación histórica de cómo los movimientos de ruptura del siglo pasado —desde el postismo y el surrealismo hasta el art brut— necesitaron abrevar en la pureza pretecnológica y preconceptual del trazo infantil para despojarse del lastre de las academias.
Durante nuestra conversación, quise incidir en que «el niño no dibuja para la posteridad ni para el mercado; habita el instante de la creación con una naturalidad e instinto que desafían las normas institucionales». Analizamos también cómo esa mirada pura, que en la obra cuenta además con la valiosa complicidad de mi hijo Hermes Antonio, constituye un patrimonio que los adultos solemos sepultar bajo las convenciones sociales.
Agradezco a Antón Castro su habitual generosidad y su rigor analítico, cualidades indispensables para propiciar un debate sereno sobre la genealogía de nuestras vanguardias.
Para quienes deseen revisar los pormenores de la conversación, comparto el enlace a la edición digital del periódico:
Más información de Sobre arte infantil:
https://librosdelinnombrable.blogspot.com/2026/04/sobre-arte-infantil-de-raul-herrero.html
https://www.librosdelinnombrable.com/producto/3571/
Más información sobre Raúl Herrero:
https://www.librosdelinnombrable.com/autores/raul-herrero/
Quienes lo conocen lo saben: Raúl Herrero es escritor, editor, artista e investigador. Publica, tras muchos años de trabajo, Sobre arte infantil (Libros del Innombrable). El libro está ilustrado por los dibujos, de varios años, de su hijo Hermes Antonio Herrero Martín.
¿Cómo se le ocurrió esta idea de estudiar el arte infantil? Con cinco o seis años elaboraba acuarelas perturbadoras, en muchos aspectos alejadas del tipo de grafismo que me correspondía por edad. En el colegio me pusieron, más o menos en esos tiempos, a copiar las espantosas láminas de Emilio Freixas. No dudo de su valor para el interesado en seguir un estudio académico, pero resultaban del todo inapropiadas para una sensibilidad plástica «salvaje» como era la mía. El empleo indebido de esos modelos procede de la idea de que el buen dibujo debe reproducir la realidad visible. El academicismo impuso ese disparate.
¿Está ligado también el volumen a su admiración por autores como Fernández Molina y Juan Eduardo Cirlot? Mi intuición infantil se reafirmó cuando me interesé por las vanguardias artísticas. Antonio Fernández Molina, mi maestro, como descendiente de esa tradición vanguardista heredera, entre otras cosas, del romanticismo, hizo que me fijara en ese asunto con más detalle. Juan Eduardo Cirlot fue un adelantado a su tiempo y una de las mentes más lúcidas de su época, en especial en el tema del arte, pero no solo. En su Diccionario de los Ismos (1949) y en artículos o textos para catálogos donde el asunto venía al pelo escribió sobre este tema, en ocasiones, unido al primitivismo, arte naïf, etc.
Casi todos tenemos esa frase de leyenda en la cabeza: «Me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño», de Picasso. ¿Fue otro detonante, casi una afirmación con intriga que exigía ser desvelada? A finales del siglo XIX los artistas se rebelaron contra el academicismo y pusieron su vista tanto en el arte arcaico como en el infantil, en las actividades plásticas de personas sin formación artística, etc. De muy joven Picasso alcanzó un prodigioso nivel técnico. Una mente inquieta como la suya necesitaba ir más allá, por eso se fijó, entre otras cosas, en los dibujos escolares.
¿En qué momento decidió convertir a su hijo Hermes en su compañero de juego, de exploración e investigación?No lo decidí. Mi hijo Hermes ejerció de niño y yo de observador. Él dibujaba y yo conservaba sus dibujos, seguía con interés sus pasos y me interesaba por sus explicaciones. Un adulto puede aprender mucho de un niño si le presta atención y lo escucha. Por otro lado, el adulto debe mostrarle el mundo al niño, es decir, acercarlo al arte, ya que el arte es el mundo entero, tomado este en su máxima expresión, es decir, pintura, cine, poesía, teatro, música, etc. Si se logra esa mutua colaboración entre adulto y niño entre ambos se establece un entendimiento que supera a cualquier otro. Al menos así ha sido hasta hoy en mi caso. Mi hijo es mi mejor cómplice.
¿Cómo veía su evolución, cómo iban madurando él y su idea? En 2017 empleé algunos de sus primeros grafismos, más que dibujos, para ilustrar mi libro de poemas Sombra salamandra. Le pregunté si le apetecía intervenir en las presentaciones, la respuesta fue afirmativa y en un par de ellas explicó lo que significan sus grafismos. Al final de esas intervenciones muchos de los presentes querían un dibujo suyo. Esas personas tenían hijos, nietos o sobrinos, por eso me sorprendió ese interés algo desaforado. ¿Acaso no habían prestado atención a las creaciones plásticas de los niños que tenían alrededor y sí a las de mi hijo simplemente porque aparecían en un libro?
Me parece que usted sabe también la respuesta. Ja, ja, ja. Esta anécdota también puede verse como la fascinación que el arte infantil ejerce en muchas personas, aunque hasta ese momento algunos de ellos ni lo sospecharan. Esto reafirma que se trata de una elaboración genuinamente artística, si bien con sus particularidades, del mismo modo que el arte precolombino, el africano ritual y el italiano del renacimiento poseen distintos elementos o intenciones.
¿Qué debemos entender por arte infantil, qué entiende usted? En mi opinión, se ciñe a la actividad plástica (es decir, no solo lo que entenderíamos por dibujo) realizada por un niño de entre 0 y 12 años donde no existe la intromisión del adulto. El juego libre y el dibujo libre son los mejores aliados del niño tanto a nivel cognitivo como psicomotor. La sustitución del dibujo libre por la copia y del juego libre por el deporte competitivo son trampas que se han levantado con la mejor intención, pero que perjudican a la infancia.
Uno de los temas capitales es la analogía entre plástica infantil y el arte contemporáneo. ¿Cómo se produce, cómo se concreta? Ese es el tema principal del libro, así que tendrán que leerlo. No me veo con ánimo de intentar siquiera un resumen porque siempre se escaparían detalles importantes. Digamos que uno de los arranques tiene lugar en el siglo XIX en la órbita de las parisinas Artes Incoherentes, en Zaragoza estudiadas con acierto pionero por el profesor Víctor Lope.
¿Podría explicar qué huella del arte infantil hay en Picasso, Klee, Dubuffet y el Arte Bruto, Gauguin y Miró, por ejemplo? Lo primero que debe decirse es que esta influencia se percibe en obras concretas. Todos los que menciona buscaban desaprender las rigideces para recuperar una mirada pura, directa y libre de prejuicios. Paul Klee se sentía fascinado por la capacidad del niño para fundir en un solo plano lo que ve y lo que sabe (por ejemplo, pintar una casa y, a la vez, el corazón de la persona que vive dentro). Joan Miró busca conscientemente la ingenuidad originaria a través de una caligrafía de signos elementales —estrellas, ojos, hilos—, reduciendo las formas a su máxima pureza. Jean Dubuffet y el Arte Bruto hallaron en el dibujo infantil (y en el de los enfermos mentales) un arte «salvaje», ajeno a los museos y a la cultura oficial, con un desprecio absoluto por la perspectiva tradicional.
¿Y Picasso y Gauguin? Pablo Picasso se interrogaba por una libertad de trazo desinhibido. Paul Gauguin destaca como precursor. Iba tras la simplificación primitiva de las formas, rechazando el naturalismo europeo en favor de una expresividad plana, emocional y directa, muy cercana a la intuición infantil y a cierto arte oriental, por ejemplo, a las estampas japonesas que tanto le fascinaban.
Díganos algunas conclusiones. La plástica infantil ofrece información sensible sobre lo que somos. En el ámbito artístico, el arte infantil ha tenido en los últimos siglos la misma influencia que pintores tan relevantes como Rafael o que movimientos estéticos como el barroco. En ningún caso, el reconocimiento de este arte desmerece el naturalismo o el hiperrealismo, tampoco pretende ser sustituto de la enseñanza artística.
ANTÓN CASTRO
LA PROPINA
¿Dice: «Los niños adelantan las vanguardias sin proponérselo». ¿De qué modo?
En primer lugar, por el espíritu lúdico. También por sus grafismos, que suponen un motivo de inspiración, y la inmediatez. Un niño pinta como juega, por eso rara vez el niño dedica dos sesiones a una obra, suele terminarla de una tacada. Incluso podría decirse que el arte antiguo preludia el arte de las vanguardias. A pesar de sus soflamas, las vanguardias históricas engarzan con una tradición que no es la racional, evidentemente.
¿Cómo definiría la reacción de su hijo Hermes?
A Hermes esto le parece de lo más natural. Solo me pidió dar su visto bueno a los dibujos que iban a incluirse en el libro.





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