Treinta años de Los puntos cardinales: Tres décadas de una cartografía poética (1996-2026)





En este 2026, celebramos el trigésimo aniversario de la publicación de Los puntos cardinales, una obra que en 1996 marcó un hito en la trayectoria de Raúl Herrero. Este volumen responde a una arquitectura orgánica compuesta por cuatro poemarios: Reflejo de disparo azul, El testamento de los dioses, Prisma de antimateria (El conde) y El amor y la guerra: la sal de la tierra.

Es fundamental recordar que la génesis de este universo se remonta aún más atrás. El testamento de los dioses se publicó originalmente de forma independiente en 1991, cinco años antes de quedar integrado como uno de los pilares de esta entrega mayor. Treinta años después de la unión de estos cuatro frentes poéticos, la vigencia de sus versos sigue interpelando al lector desde una mística visceral y vanguardista.

Antes que nada, la poesía de Herrero en este volumen se manifiesta como una fuerza física, casi mecánica en su ímpetu. Lo vemos desde el inicio, donde «el esplendor de violas / atraviesa vientre de vidrio / como locomotora enfurecida». Esta capacidad para fundir lo delicado con lo industrial y lo violento define una voz que se reconoce a sí misma en constante mutación: «Soy otro hombre, ¡qué otro hombre!, / otro libro».

Uno de los hilos conductores más poderosos de la obra es la invocación a la «Virgen Blanca», una figura que trasciende lo religioso para convertirse en refugio y materia. El poeta le suplica: «líbrame Virgen Blanca de todo mal / deja que me oculte en tu dedal / de carne-alma». En esta geografía lírica, la espiritualidad no está separada del cuerpo; es una «unión de realidades inversas» donde el pensamiento es capaz de crear toda la materia.

La celebración de estos treinta años nos permite reencontrarnos con poemas como «Aurificación», escrito en colaboración con la poeta Alicia Silvestre, donde el lenguaje se desborda en una danza dionisíaca. Para Herrero, «el amor desordena los rizos del cava: / océano mareado por flujos selénicos / en la danza de una existencia ebria de sí misma». Es una poesía que no teme al «color exuberante del peligro» y que invita a habitar un «círculo umbilical» donde el poder trascendente del arte se hace carne.

A través de secciones como Et in terra pax u Offertorium, el autor explora la fatiga del ser y la necesidad de una «sinceridad transparente sobre una hoja». Frente a un mundo de «hombres de cartulina y pegamento», Herrero apuesta por un renacimiento constante, afirmando que «la ceremonia se completa cuando el pulso descubre que no tiene las alas rotas».

Tres décadas después, Los puntos cardinales permanece no como un recuerdo del pasado, sino como un presente continuo. Raúl Herrero nos sigue ofreciendo una brújula para navegar por las «galerías subterráneas del mar» y para «salir al fuego con pulso de venas desabrochado», reclamando siempre el derecho del individuo a la poesía..


Fragmento de Reflejo de disparo azul:


«Un cuadro no representa nada, no debe representar, en principio, más que colores». Cézanne.

cc

Los hombres cavan

en las galerías subterráneas del mar,

a mediodía extraen,

con técnica puntillista,

carbones encendidos.

Al anochecer ceden las vigas;

los mineros inconsistentes

provocan un derrumbamiento de protones.

Los hombres pescan

en el arrecife coral de la tierra,

al atardecer capturan,

con técnica cubista,

atunes apagados.

En noche crujen las redes;

los marineros débiles

sucumben en marejada de electrones.

Dentro de las nubes hombres

con crin crispada de cristal

exprimen sus corazones y crean

lluvia con labios de turquesa

que ara campos yermos

y otorga el don de la esterilidad.

Hombres agonizan sobre palmatorias

con pezuñas de lobo

en campanilla de sus bocas.

Hombres montados en asnos,

hombres humillados con recato,

hombres de horquilla,

hombres ocaso,

hombres comprimidos.

Una única persona deslumbrada

por la paz incendiada.

Los demás avanzan dentro de la circunferencia

con la embriaguez del esclavo,

embriaguez desesperada y mediocre

que proclama, acompañada por timbales,

su impotencia adornada con balbuceos

de bebé sofocado por alcohol.

Flotar sobre realidad combustible

blandiendo manos liberadas

de argollas etéreas;

acaparar a los náufragos

que comen abrazos compartidos;

posar sinceridad transparente

sobre una hoja.

Alegría que enfurece

a hombres con muletas en la mente,

a hombres montados sobre asnos;

hombres humillados con recato,

hombres de horquilla,

hombres embriagados con desesperación.

Alegría terrible que despedaza

cuerpos contra espuma de terciopelo,

que avergüenza al púgil

con la indefensión de su propia alma.

Alegría metamorfoseada en huida

hacia beso sin encuadernar;

alegría que revienta

contra quienes me han fallado.

En tabernas de química aproximada,

tras mesa de despachos fluctuantes,

se pudren hombres fanáticos

que esconden botellas o contratos

en alacena de su rostro.

Hombres de cartulina y pegamento,

molestos por la felicidad de otros,

rompen los radiadores blancos,

pisotean las flores blancas,

estrellan los aviones blancos,

derriban las paredes blancas,

beben los licores blancos,

ingieren las pintura blancas,

árbol blanco,

carbón blanco,

sol blanco,

cristal blanco,

rodar albo,

transitar albo,

respirar albo,

alimentar albo,

rodar albo,

dormir albo,

hipnotizar albo,

morir albo recuperar blanco yugular blanca

brisa blanca latir albo tinta blanca

traje albo cuadro albo calamar albo

mosca blanca azul albo alegría blanca

Virgen Blanca nada blanca vida blanca

y una única persona deslumbrada

por la paz incendiada

y una única persona que alumbra

la paz descorchada

vertida en copa de melena

una única persona que aparta

columnas carcelarias

una única persona que renueva

estancias viejas

e inventa hogares lunares

la humanidad-tribu

hombre-ocaso puede reclinarse si así lo desea

en nicho del mundo maldito

carcaj arterial blanco

es imprescindible vaciar de humo

los huecos

es urgente que abismo se desvista

y muestre su naturaleza de Vía Blanca

«Un poema no ha de consistir en pensamientos sino en palabras». Mallarmé.


Fragmento de El amor y la guerra: la sal de la tierra:

To be alone with you

Pasillos reducidos me permiten

acercarme a ti.

Escala de fe

consentirá que pase

todo el tiempo contigo.

Canciones dulces, sarmentosas

y melosas pervierten

mis palabras malintencionadas,

santificadas

por el ansia creadora

de Brahma.

Campesinos mallorquines escenifican

El ángelus de Millet

tras cortinas selváticas;

ojos bordados subyugan

yugular del aprendizaje.

Vengo desde el estupor germinal

para poseerte

y transitar varias guerras cruentas

a solas contigo.

Comedidos, suplicantes, frívolos,

pueden asustarse por el hierro

de esta cadencia;

los asombrados serán sometidos

por la energía de Guiomar líquida.

Ya basta de concesiones al pasado

y de capítulos en teología del futuro:

Dios ha olvidado su nacimiento,

Satán duerme como un bendito;

pasarás toda la noche

sobre mi espalda cerúlea.

Las palabras no me colman,

la sombra ve su principio.

Una señal de fuego sobre los cristales.

Pasaré toda la noche

sobre tu espalda cerúlea.


El libro posiblemente puede conseguirse todavía en algunos lugares, aquí es seguro que sí:

https://lenceriaralo.com/tienda/libreria/poesia/los-puntos-cardinales-raul-herrero/




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