En memoria de Mariano Esquillor en el quinto aniversario de su elevación



Mariano Esquillor y yo mismo (Raúl Herrero) en una remota feria del libro en la caseta de Libros del Innombrable, 2008



En estas fechas de mayo de 2019 se cumple el quinto aniversario de la ocultación de Mariano Esquillor a los 95 años. Y quiero recordarle con algunos retazos que se asoman a mi ventana desde los confines de las entrañas de mecanismos y nostalgias. Comencemos con algunos breves vídeos de la presentación de su libro Columpio autobiográfico donde acompañamos al autor Antón Castro y un servidor.  Este material lo he obtenido gracias a Mayte y Hendriks (hija y yerno del poeta M. E.).














La revista IMAN, de la Asociación Aragonesa de Autores, le dedicó un monográfico:


Y en ese entorno publiqué uno de mis textos sobre Esquillor donde decía:

[De mi amigo Esquillor atesoro recuerdos, evocaciones vitales grabadas en mi pecho a fuerza de escucharlas de su boca; también conservo testimonios inconfesables sobre la poesía, la intuición, la delgada línea que separa la realidad inmediata de lo sutil que deja entrever el otro lado… Y la añoranza. Mientras laborábamos en nuestra amistad tejimos cinco volúmenes (seis poemarios) que se publicaron en Libros del Innombrable, mi sello editorial. Esta es una pequeña historia de cómo y en qué condiciones se originaron esos libros. Y también de algunas cosas más]. Fluía el año 1999 cuando visité por vez primera a Mariano Esquillor en la Casa de Amparo de Zaragoza, me acompañaban el actor Marcos Agón y el pintor y escritor Antonio Fernández Molina. Recuerdo que era un domingo gris por la mañana, tal vez fuera invierno, o quizá otoño. Hasta entonces de Mariano solo había leído una pequeña selección de poemas que me había trasladado Fernández Molina; no recuerdo a qué libro o libros pertenecían. Por entonces, aún vivía su esposa Fuensanta a la que el poeta se dirigía con el cariñoso apelativo de Fanny. Mariano comenzó a leer mi poesía porque ella refirió, tras ojear uno de mis libros, que le gustaba “porque no decía que la lluvia moja y cae hacia abajo, ni evidencias así”. Confieso que esa revelación, enunciada por boca del poeta tiempo después, me sorprendió.Durante la jornada de ese primer encuentro, tal vez por lo desapacible del día, no acudimos a ninguno de los bares en los que Mariano se refugiaba para escribir, o donde congregaba a poetas y amigos para departir sobre la vida y la poesía. En la cafetería de la Casa de Amparo nos tomamos juntos el primer café con leche de muchos; bueno, en el caso de Esquillor, el primer cortado de muchos. La verdad es que casi de inmediato se manifestaron entre nosotros simpatías y gustos comunes. Ese día, o uno de los siguientes, le presté una antología de poesía postista, sobre la que tiempo después me dijo: “¡Cómo me gustaría escribir también así, pero mi estilo es diferente!”. Al cabo de unos meses me declaró su admiración por Juan Eduardo Cirlot y, posteriormente, por Eduardo Chicharro, lo que me sorprendió, ya que Chicharro se encuentra muy alejado de las propuestas estilísticas y poéticas de Esquillor.

En el siguiente enlace el texto íntegro el artículo:

Bajo la persistencia de su entusiasmo dibujé en algunos de sus libros, le escribí prólogos y epílogos, también le divertía que algunos de mis cuadros fueron sus portadas, un honor inmerecido, desde luego. En sus libros en Libros del Innombrable encontraréis tales trabajos. También lo evoqué en mi ensayo-dietario El Éxtasis (Libros del Innombrable, Colección Sarastro, 2002. ISBN: 84-95399-36-9).
En el cuadernillo 9.5 Punto de no retorno, del ciclo del 9, le dediqué el siguiente poema:

El ojo de la destrucción
Para Mariano Esquillor

(Si las cicatrices te impulsan la memoria,
o tus paisajes se engalanan con funámbulos dolientes,
o si por tu muro trepa el despojo de toda desnudez,
no dudes; desatiende la aflicción
y cólmate de voces auspiciadas por el silencio.)


El camino interminable, interminable, largo y arrasado,
te arropa con manto extraño,
mientras las luciérnagas revolotean
en torno a las vísceras, sanguinolentas, del altar.
El pecado radica
en cubrirse con las hierbas de la senectud sin saber,
en dormitar durante la eternidad de una vida
bajo el yugo de lo conveniente.
No dudes, acoge las palabras nuevas,
crea lo que te destruye,
yerra, húndete en la euforia,
anida en la vida.
En cualquier caso,
el consuelo se genera contra el mundo.


***



De mis admirados maestros, también de Mariano Esquillor, aprendí y aprendo y me prendo. Su magisterio se encarnaba en una rebeldía que carecía de siglas, de nombres, de consignas. Todos ellos, como Mariano, se merecieron más de lo que obtuvieron. Pero cuando uno otea más allá de las galaxias apenas se inquieta por las ventosidades de la gloria (comprada, arrebatada o incluso merecida). Mariano, como los demás maestros que se fueron, me visita a diario, en sueños, en carne de espíritu, en la idea que emborrona mi primera intuición de la mañana y la última ocurrencia de la noche. Y sé que la ausencia es aparente, converso con él, con ellos, a diario, y solo es cuestión de tiempo que nos reunamos de nuevo, en otro espacio, con otra identidad, sin las máscaras ni lo aparente que todavía nos encadena a la náusea y su mediocridad. Entonces, en ese otro no-lugar, continuaremos siendo lo que somos porque lo nuestro nunca fue impostura, ni atavío de fiesta para la escalada, ni para peinarnos de ujieres de templos banales, ni un modo de obtener prebendas: inmundicias. Porque como Don Quijote: «Sabemos muy bien quien somos». Te abrazo desde este lado, amigo Mariano.

Libros del Innombrable ha realizado una breve antología de poemas incluidos en los libros que le publicaron:
https://librosdelinnombrable.blogspot.com/2019/05/se-cumplen-cinco-anos-de-la-ocultacion.html


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