Antología poética XX: Raúl Herrero: Ciclo del 9 9.5 Punto de no retorno


Portada de 9.5 Punto de no retorno



Antología poética -en línea- de Raúl Herrero, XX

En octubre del año 2006 se publicó la última entrega, hasta el momento, del Ciclo del 9 bajo el título 9.5 Punto de no retorno (84-95399-72-5) con prólogo de Marta Agudo. En este cuadernillo se pretende evidenciar, desde el mismo título, la imposibilidad de otro modelo de vida que el ya contemplado hasta el momento. Por la edad, por el número de poemas y libros publicados, al autor se le antoja que es imposible retroceder y que se deben asumir las consecuencias. ¡En ese momento no tenía ni idea de lo mucho que esas ideas tenían de premonitorias!
En el prólogo Marta Agudo realiza reflexiones como las siguientes:

Nueve libros para el ciclo del nueve. El «ouroboros» (o la figura de la serpiente que se muerde la cola), la figura maya del «bolon ts’akabil» (representante de la eternidad), las tesis de Avicena, según las cuales toda cantidad se reduce a nueve, o a un múltiplo suyo o a él mismo más otra cifra, o la identificación que establece Pitágoras entre dicho número y, otra vez, lo eterno, explican sobradamente que Raúl Herrero haya escogido el «diez menos uno» para desplegar y dar al público su obra poética. (…) El arte se erige en la segunda salvación con tintes sacros y propicia la inclinación  a los absolutos visible en estos libros. Términos como «todo» o «verdad» son usuales, lo mismo que una imperturbable primera persona que enfatiza el mencionado binomio poesía-conocimiento.
La verdad es que el prólogo de Marta Agudo, además de certero, podría situarse al comienzo de mi poesía incompleta porque define muy claramente lo que intento comunicar, a veces, sin conseguirlo.
Existe el proyecto de reunir todos mis libros publicados, revisados y corregidos, en un volumen, o, mejor dicho, en un grueso tomazo. Si esa posibilidad se lleva a efecto incluiré el resto de los cuadernillos del Ciclo del 9. Si no es así, de momento, permanecerán guardados en un cajón para pena de pocos y alegría de más.

De entre los poemas incluidos en 9.5 Punto de no retorno he seleccionado para este antología dos poemas:


IV.
(La balaustrada de la ceniza.)

Lo angelical se ahoga en las alas propias,
en la balaustrada de la ceniza.
En mis ojos se forma la luminaria
que todo lo engulle, que todo lo acalla;
la apariencia que cree contenerlo todo.
Me entrego a la observancia de los hombros cotidianos,
de todo lo que, aún agónico, se mueve por pereza
a morir,
o por la inercia de suplantar la vida
hasta en el último cabello de la sombra.
Los ángeles agonizan,
se muerden con furia las plumas
transformadas en piedra.
Es el camino borrado lo único
que me resta;
sin huellas, sin señales, sin restos,
sólo el abismo sin caída...
No hallaré palabra que sane,
ni alivio, para la carne o el espíritu,
capaz de vendar los ojos en ortigas de seda,
ni de permitir el modelo de una mirada sin lenguaje.
Aunque el ser humano posee la cualidad de preguntar,
¿quién se encuentra dispuesto a responder?


Este poema lo selecciono porque ofrece una muestra significativa del libro y porque va dedicado a mi profesora de literatura (que sustituyó a Ramón Acín que me dio clase durante el primer trismestre del curso).
XI.

Para María Ángeles Azagra

(El verano, como todos los estíos y colores,
se consumirá siempre de nuevo.
La libélula intentará espolvorear
sobre tu rostro
el polen frecuente de la herrumbre.
Todo, en las vidas y los mundos
de lo callado, frondoso o musical,
gira en mil bucles de alaridos.)

Pero tú,
que eres la línea perfecta de una hoja
dibujada sobre el blanco papel de la nostalgia,
en el presente procúrate
lejanías azafranadas de lo permanente.
En ti no existe lo transitorio,
todo es eternidad.
Por tanto ignora la confusión,
mantén la mente sobre un paño diáfano
de aire y clarividencia, y contemplación, y rinocerontes
azules, y lunas próximas a la explosión sobre el labio velado.
Los dolores brotarán de los campos ciegos,
el mármol pondrá nombres y compasión
sobre la verdad,
pero, a pesar de lo incierto,
recuerda que te mereces todos los días y cánticos de un Dios,
que participas de todos los mapas y las auroras…


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