Reseña de Ciclo del 9 por Francisco Torres Monreal



El jueves 1 de abril de 2021 publicó el diario de La verdad de Murcia una reseña firmada por Francisco Torres Monreal en relación con Ciclo del 9 (Huerga & Fierro, Madrid: 2020).


Raúl Herrero, Ciclo del 9 (1999-2019)Huerga y Fierro, Madrid, 2020 

 

La alquería se deshace en la mano / del fuego. / Se materializa el hálito en la saliva de tus muslos. / Si descanso en el interior / de la vasija del firmamento, / ¿encontraré la duna oculta bajo las aspas de oro?

Extraigo estos versos de la antología Ciclo del 9 (1999-1019), de Raúl Herrero. Raúl Herrero, además de dramaturgo y poeta, es fundador y director de la editorial Libros del Innombrable, de ecos beckettianos, ubicada en Zaragoza desde hace ya tres décadas. Ahora publica en la editora madrileña esta antología que recorre veinte años de poesía innovadora. El lector avezado en lecturas poéticas tachará esta antología de superrealista (digo superrealista y no surrealista, como es uso común, por entender que el super traduce más la letra y el espíritu que infundió a este movimiento francés, el surréalisme, que, con sus asociaciones literarias y mundanas, quiso ir más allá de la capas que describían la cara  superficial de la realidad con escasa penetración en cuanto esas capas ocultan o protegen). Las comparaciones son casi siempre odiosas –y hablar del superrealismo de R. Herrero ya es una comparación, he de reconocerlo-. Pero no podemos arrancarnos de cuajo la memoria y dejar de lado ese poso de lecturas que en cada uno de nosotros reverdece cuando un texto nuevo las provoca. Raúl Herrero es hijo espiritual, por línea directa, de F. Arrabal y Antonio Fernández Molina. Me consta que, cuando murió Antonio F. Molina, Herrero se declaró huérfano profundo. Puesto a ejercer de erudito a la violeta, otras lecturas me sugiere este Ciclo del 9. Limitándome a los poetas editados por Raúl Herrero me salen al encuentro los nombres de J. Eduardo Cirlot, Jarry, Claus Andersen, Eduardo Chicharro y otros postistas. Pero las fuentes cuyas aguas Herrero ha frecuentado se remontan a los simbolistas (el simbolismo es una de sus constantes como editor) y a los superrealistas de la primera hora: T.  Tzara, Breton, R. Char, P. Eluard... Si de estos últimos nombres hubiera de subrayar uno lo haría con Tristán Tzara y su libro El hombre aproximado, de 1931, aparecido recientemente en Cátedra en la traducción de A. Rodríguez López-Vázquez. El ciclo del 9 me hace evocar particularmente este título. Incluso me parece la réplica, entrado ya el s. XXI, al texto colosal de Tzara. Y no porque en esta referencia descubra influencias de algún tipo. El auténtico superrealismo es inimitable en su letra y significados, entiéndase: en sus asociaciones lingüísticas o en sus imágenes. El superrealismo es una estética en la que campea la creación sin remedos ni censuras; una ética en la que creación se hermana con deconstrucción e inconformismo; un impulso vital proyectado hacia el futuro, con nostalgia de orígenes ancestrales –amamos lo antiguo por su novedad, dirá Tzara-; un iceberg cuya parte visible se engalana y esencializa con la parte sumergida en los sueños y en el humor. El humor: esa práctica superrealista que nos libera del tedio de las horas negras y que, en buena medida, informa la poesía de Raúl Herrero.

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                              Francisco Torres Monreal

               (autor de Historia básica de la poesía)

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